Fuente: Resolución No. 008 de 2024, Gestión de Riesgos Agropecuarios - IIGRA.
Colombia cuenta con más de 42 millones de hectáreas3 de tierra cultivable y menos del 3%4 cuenta con cobertura de seguro. Esto se traduce en un enorme potencial productivo que va de la mano de una vulnerabilidad estructural: gran parte de los riesgos que enfrenta el agro carece de una protección adecuada.
¿Qué tanto afectan los eventos climáticos al agro colombiano?
Colombia es altamente vulnerable a eventos hidrometeorológicos — en particular sequías e inundaciones asociadas al ciclo El Niño/La Niña — y esa vulnerabilidad se refleja en afectaciones recurrentes sobre la producción, la infraestructura rural y las cadenas logísticas.
Durante el más reciente episodio de El Niño, declarado en 2023 y que se extendió hasta 2024, el país registró 242.075 hectáreas de cultivos afectadas, de las cuales 200.596 correspondieron a déficit hídrico, 33.245 a heladas y 8.234 a incendios.5
Se estima que un fenómeno fuerte de El Niño podría aumentar la inflación de alimentos en 3,9 puntos porcentuales6 y restar hasta 0,5 puntos porcentuales7 al crecimiento del sector agropecuario, al reducir los rendimientos y ejercer presión sobre los costos de energía, riego e insumos. Entre los cultivos más vulnerables estarían el arroz, el plátano, la caña de azúcar, la yuca y la papa.
Los problemas no terminan cuando pasa la sequía. En 2025 y a comienzos de 2026, el país volvió a enfrentar eventos climáticos extremos, esta vez debido a lluvias intensas e inundaciones. La Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD) reportó cerca de 4.700 emergencias y 285.100 familias afectadas.8
Y el panorama parece no mejorar. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) advirtió en mayo de 2026 que la probabilidad de un nuevo El Niño subió del 62% al 82% para el trimestre mayo-junio-julio y que podría llegar al 96% hacia finales del año, con una intensidad proyectada entre fuerte y muy fuerte.9
¿Qué barreras impiden que más productores accedan a un seguro?
La primera barrera es operativa. En muchas zonas productivas de Colombia, la topografía eleva el costo de asegurar: las vías secundarias y terciarias en mal estado y la dispersión de los predios encarecen la inspección inicial de las aseguradoras y la verificación de pérdidas tras un evento. Ese problema se agrava por la limitada disponibilidad de datos climáticos y productivos con granularidad local ya que sin series de lluvia o de temperaturas a nivel municipal, e incluso veredal, es más difícil calcular los riesgos con precisión y diseñar coberturas ajustadas a cada zona.
También pesa el sistema mismo de producción. En cultivos como el café o el cacao predominan parcelas pequeñas y fragmentadas. Eso reduce la viabilidad de los esquemas tradicionales de seguro agrícola que suelen depender de visitas presenciales o de la validación física de los siniestros. Cuando los deducibles, los costos de desplazamiento y los trámites operativos representan una proporción excesiva del ingreso esperado del productor, el seguro deja de ser asequible.
A esas limitaciones se suman barreras de acceso al financiamiento. En Colombia, el seguro agropecuario suele estar estrechamente ligado al crédito: en muchos casos, se contrata como requisito o como complemento de un préstamo productivo. Por eso, cuando un pequeño o mediano productor no cuenta con historial crediticio suficiente, tiene baja bancarización o no puede acreditar formalmente la propiedad o tenencia de la tierra, también se reduce su capacidad de acceder a financiamiento y, con ello, a mecanismos de aseguramiento.
Esa cadena de exclusión afecta con especial fuerza a muchas mujeres rurales y a comunidades étnicas porque enfrentan mayores obstáculos para formalizar la propiedad y dependen en gran medida de esquemas informales de crédito.
¿Qué soluciones son las más prometedoras?
El panorama descrito hasta ahora no es estático. En Colombia están emergiendo modelos de aseguramiento que buscan responder a las limitaciones del mercado en cuanto a costo, acceso y velocidad de pago.
Uno de los modelos más relevantes son los seguros paramétricos que se basan en variables objetivas como los niveles de lluvia o de temperatura. Cuando el indicador supera un umbral previamente definido, la indemnización se activa automáticamente, sin necesidad de un peritaje en terreno. En la práctica, esto reduce significativamente los costos operativos y permite pagos más rápidos, factores clave para productores con poca capacidad para absorber grandes pérdidas.
Además, el uso de imágenes satelitales, herramientas geoespaciales y tecnología móvil está empezando a facilitar la evaluación del riesgo a un nivel mucho más granular. Esto abre la posibilidad de diseñar coberturas más ajustadas a cada municipio, incluso en zonas donde históricamente ha sido difícil operar debido a la violencia.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no resuelve el problema. En el contexto colombiano, tener un seguro sigue estrechamente vinculado al acceso a crédito. En ese sentido, el fortalecimiento de instrumentos como el financiamiento asociativo o los subsidios a la prima juega un papel importante para ampliar la cobertura, especialmente entre los pequeños productores.
Paralelamente, la Política de Financiamiento y Riesgos Agropecuarios aprobada para 2025 incorpora la gestión del riesgo como parte central de la política sectorial, no como un complemento posterior. Eso cambia la lógica de intervención: en lugar de separar crédito, incentivos y aseguramiento, busca articularlos para ampliar la resiliencia productiva, especialmente entre pequeños y medianos productores.
En la práctica, este enfoque habilita instrumentos como líneas especiales de crédito, garantías, subsidios y apoyos al seguro agropecuario, además de nuevos esquemas integrados como el Incentivo Integral para la Gestión de Riesgos Agropecuarios. Para las aseguradoras, ese entorno puede mejorar la viabilidad de desarrollar productos más ajustados a las necesidades del campo colombiano.
Capacidad del mercado asegurador y reasegurador
La capacidad del mercado colombiano para el seguro agrícola depende del cultivo, ubicación, tipo de cobertura, estructura de reaseguro y apetito de cada aseguradora. Sin embargo, la capacidad local es relativamente limitada y depende del reaseguro internacional.
Hasta hace aproximadamente un par de años, nueve compañías ofrecían el seguro agrícola, pero este número se ha venido reduciendo, principalmente debido al incremento de la exposición climática, la alta dependencia del reaseguro internacional, la volatilidad de los resultados técnicos y las crecientes exigencias de capital y de modelación del riesgo.
Debido a lo anterior, el mercado ha tendido a concentrarse en compañías con mayor especialización agrícola y acceso a capacidades robustas de reaseguro, capaces de gestionar adecuadamente los riesgos catastróficos asociados a fenómenos climáticos cada vez más severos.
En comparación con otros ramos, el mercado paramétrico colombiano sigue siendo relativamente pequeño y especializado. Uno de los principales sectores en los que ha logrado una mayor adopción es precisamente el agropecuario, por lo que constituye uno de los segmentos con mayor potencial de crecimiento en nuestro país. En cuanto al respaldo de los reaseguradores, históricamente las compañías de seguros en Colombia se han apoyado en cerca de ocho mercados de primer nivel, algunos de ellos especializados en clima y agricultura para coberturas paramétricas.
¿Cómo puede Gallagher acompañar al sector?
En un entorno en el que los riesgos climáticos, logísticos y financieros son cada vez más frecuentes, las empresas del sector agrícola necesitan ir más allá de la respuesta reactiva y adoptar una gestión del riesgo que integre el aseguramiento y el financiamiento.
En ese contexto, Gallagher aporta una propuesta de valor diferenciada: combina experiencia internacional en seguros agrícolas, coberturas paramétricas y gestión de riesgos en cadenas de suministro con un conocimiento del entorno regulatorio y productivo colombiano. Esto permite diseñar soluciones que se ajustan al ciclo productivo del cliente y a las condiciones reales del territorio.
El acompañamiento de un asesor experto se traduce en una mayor capacidad para anticipar pérdidas, proteger la inversión productiva y asegurar la continuidad del negocio.
En Gallagher Colombia, asesoramos a clientes del sector agroindustrial. Si quieres conocer cómo podemos ayudarte a encarar el futuro con confianza, contacta a
Valentina López.