La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) proyecta una probabilidad del 98% de que 2026 cierre como uno de los cinco años más cálidos registrados.1 Además, estima un 61% de probabilidad de que el fenómeno de El Niño emerja entre mayo y julio de 2026 y se prolongue hasta fin de año. En ese escenario, El Niño llega a un planeta que ya está a temperaturas máximas históricas, lo que intensifica cada uno de sus efectos.
Para las organizaciones que operan en la región, conocer esta probabilidad abre una ventana para actuar. Las empresas que se preparen desde hoy, mediante la implementación de medidas de mitigación y adaptación, pueden afrontar el pico del fenómeno con planes de contingencia ya establecidos, mejores condiciones de las pólizas acordadas y más tiempo para tomar decisiones.
Frank Chávez, gerente de Ingeniería y Prevención de Riesgos Patrimoniales de Gallagher Perú, ha acompañado a empresas de la región en múltiples ciclos de El Niño. Según él, "en un evento climático como este, lo que más llama la atención no es la intensidad del fenómeno. Es la distancia entre lo que las organizaciones saben que puede pasar y lo que realmente hacen antes de que ocurra".
El Niño no llega igual a todos lados
Este evento ocurre en un momento de transición. El fenómeno de La Niña se mantuvo activo hasta febrero de 2026, mientras los patrones climáticos de la región empezaban a cambiar. Para muchos países de LATAM eso significa una inversión de condiciones: zonas que venían con sequías pasarán a lluvias, y viceversa.
Los efectos de El Niño no son uniformes. En Colombia y Centroamérica genera sequías, calor y riesgo de deslizamiento. En la costa norte de Perú y Ecuador se asocia con lluvias intensas e inundaciones. El Cono Sur experimenta mayores precipitaciones.
El fenómeno también redistribuye el riesgo de tormentas, pues mientras la actividad de los huracanes en el Atlántico tiende a disminuir, la frecuencia de tormentas aumenta en el Pacífico, lo que modifica el perfil de riesgo para las empresas con operaciones en ambas costas.
Como señala Chávez: "Cuando tienes operaciones en varios países, El Niño te obliga a hacer un diagnóstico país por país. El error más común es asumir que, si ya tienes un plan, este aplica a todos los territorios".
Lo que realmente interrumpe el negocio
Los impactos del fenómeno de El Niño tienden a concentrarse en donde ya hay fragilidad. Por eso, las empresas más expuestas son aquellas con infraestructura ya bajo presión, cadenas de suministro ajustadas o márgenes operativos estrechos.
Un fenómeno de El Niño puede paralizar el transporte, por ejemplo, cuando una carretera queda afectada por derrumbes y se interrumpe la distribución durante semanas. Una sequía extrema también puede poner en riesgo la generación de energía en varios países de LATAM con alta dependencia hidroeléctrica.
Además, en países como Perú, la cuota de pesca puede caer porque la anchoveta migra a aguas más profundas cuando el mar se calienta y muchas cosechas, sensibles a cambios de temperatura, pueden ver afectadas su calidad y su rendimiento.
"Un grado de diferencia en la temperatura puede hacer que el fruto no cumpla con los estándares de exportación. No hay daño visible, pero la venta se pierde", explica Chávez. Y cuando el evento pasa, la recuperación de esas cadenas tarda mucho más de lo que las empresas anticipan. "No es el fenómeno lo que define el impacto. Es lo que hiciste, o dejaste de hacer, antes de que llegara", subraya.
Cuando la nube ya está encima
En general, según Chávez, América Latina tiene una cultura reactiva ante estos fenómenos. Las empresas se mueven cuando el evento ya está en los titulares, no antes. La diferencia entre una organización que mitiga bien un evento climático y otra que no, casi siempre radica en las decisiones tomadas meses antes.
El fenómeno también redistribuye el riesgo de tormentas, pues mientras la actividad de los huracanes en el Atlántico tiende a disminuir, la frecuencia de tormentas aumenta en el Pacífico, lo que modifica el perfil de riesgo para las empresas con operaciones en ambas costas.
Como señala Chávez: "Cuando tienes operaciones en varios países, El Niño te obliga a hacer un diagnóstico país por país. El error más común es asumir que, si ya tienes un plan, este aplica a todos los territorios".
Lo que realmente interrumpe el negocio
Los impactos del fenómeno de El Niño tienden a concentrarse en donde ya hay fragilidad. Por eso, las empresas más expuestas son aquellas con infraestructura ya bajo presión, cadenas de suministro ajustadas o márgenes operativos estrechos.
Un fenómeno de El Niño puede paralizar el transporte, por ejemplo, cuando una carretera queda afectada por derrumbes y se interrumpe la distribución durante semanas. Una sequía extrema también puede poner en riesgo la generación de energía en varios países de LATAM con alta dependencia hidroeléctrica.
Además, en países como Perú, la cuota de pesca puede caer porque la anchoveta migra a aguas más profundas cuando el mar se calienta y muchas cosechas, sensibles a cambios de temperatura, pueden ver afectadas su calidad y su rendimiento.
"Un grado de diferencia en la temperatura puede hacer que el fruto no cumpla con los estándares de exportación. No hay daño visible, pero la venta se pierde", explica Chávez. Y cuando el evento pasa, la recuperación de esas cadenas tarda mucho más de lo que las empresas anticipan. "No es el fenómeno lo que define el impacto. Es lo que hiciste, o dejaste de hacer, antes de que llegara", subraya.
Cuando la nube ya está encima
En general, según Chávez, América Latina tiene una cultura reactiva ante estos fenómenos. Las empresas se mueven cuando el evento ya está en los titulares, no antes. La diferencia entre una organización que mitiga bien un evento climático y otra que no, casi siempre radica en las decisiones tomadas meses antes.
Las organizaciones que se preparan con tiempo llegan a sus renovaciones de póliza en mejor posición. Cuando el mercado asegurador anticipa un evento de El Niño, las condiciones pueden cambiar: primas más altas, deducibles mayores y garantías más estrictas. Las empresas que pueden demostrar que implementaron medidas de prevención negocian desde un lugar distinto.
También vale la pena revisar qué realmente cubre tu póliza. Las coberturas tradicionales protegen contra el daño físico directo, pero las pérdidas por interrupción del negocio, caída de la producción o disrupciones en la cadena de suministro suelen quedar fuera de cobertura o con límites insuficientes.
Tres cosas que hacer antes de que llegue El Niño
El momento de actuar es ahora
En una región donde solo el 32% de las pérdidas por desastres naturales están aseguradas3, la ventana para actuar es ahora, mientras El Niño todavía es un pronóstico. Cuando el fenómeno ya está en los titulares, las opciones se reducen, las condiciones del mercado asegurador se endurecen y los tiempos de reacción se acortan.
La preparación no elimina el fenómeno, pero sí define desde qué posición lo enfrenta tu organización. Si quieres entender qué tan expuesta está tu organización antes de que lleguen las condiciones pico, el equipo de Gallagher puede ayudarte. Conéctate con nosotros.