Casi todas las empresas saben cuántos accidentes tuvieron el año pasado. Muy pocas saben cuántos podrían evitar el próximo. Gestionar los riesgos laborales mirando solo los accidentes que ya ocurrieron es como conducir atento únicamente al retrovisor.
En Colombia, esa sigue siendo la forma en que muchas organizaciones gestionan la seguridad. Pero es un hábito que los datos, bien usados, puede empezar a cambiar.
Los datos ayudan a entender los riesgos
Como explica Laura Estupiñán, subgerente de riesgos laborales de Gallagher en Colombia, una proporción significativa de empresas en el país sigue enfocándose, sobre todo, en cumplir con los requisitos regulatorios y en recopilar indicadores como las tasas de accidentalidad, enfermedad laboral y mortalidad, sin profundizar en su análisis.
Este enfoque limita la capacidad de anticipar riesgos. No sorprende, entonces, que en 2025 se hayan reportado más de 520.000 accidentes laborales en Colombia (cerca de 1.400 incidentes diarios), además de más de 400 muertes laborales.1 Aunque estas cifras muestran una leve disminución respecto de años anteriores, siguen evidenciando la necesidad de fortalecer los sistemas de gestión y avanzar hacia una cultura preventiva.
Los indicadores reglamentarios, sin embargo, comparten una limitación de origen: reflejan el desempeño pasado y, por definición, la información va por detrás de la realidad. Por ello se conocen como indicadores rezagados.
En respuesta, la práctica internacional ha venido evolucionando desde modelos reactivos hacia el uso de indicadores predictivos, los cuales permiten generar retroalimentación anticipada sobre el desempeño de los sistemas de control antes de que se materialicen eventos no deseados, facilitando así la implementación de acciones preventivas oportunas.
No obstante, su adopción sigue siendo limitada en la práctica empresarial. Esta baja utilización se explica, en gran medida, por la dificultad metodológica para su diseño, la limitada disponibilidad de datos estructurados de calidad, así como por la alta variabilidad y especificidad de los contextos laborales.
"Para lograr una gestión real de riesgos laborales, es clave estructurar programas preventivos orientados a mejorar las condiciones y el bienestar del trabajador, no solo en reportar los eventos", explica Estupiñán.
Ampliar la mirada hacia otras variables del perfil sociodemográfico, de las condiciones de salud, del entorno organizacional o de los estilos de liderazgo, permite comprender mejor qué hay detrás de los eventos reportados y diseñar intervenciones más estratégicas y efectivas.
Riesgos psicosociales: un riesgo invisible con impacto real
Los factores psicosociales, como la carga de trabajo, el liderazgo o el ambiente laboral, influyen directamente en la salud, la seguridad y el desempeño de los trabajadores. Cuando no se gestionan oportunamente, se convierten en riesgos tan críticos como los riesgos físicos.
¿Por qué son relevantes hoy?- La virtualidad y los esquemas híbridos reducen la visibilidad de las señales tempranas.
- Problemas como la fatiga, el estrés o la sobrecarga suelen pasar desapercibidos hasta que afectan la salud o la productividad.
- La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reporta que más de 840.000 muertes al año están relacionadas con factores psicosociales, especialmente por enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales.2
- De hecho, los trastornos de salud mental se traducen en una pérdida estimada del 1,37 % del PIB mundial.
- Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión y la ansiedad cuestan cerca de USD 1 billón al año, globalmente, en pérdida de productividad.3
- Sin embargo, cada dólar invertido en atención devuelve USD 4 en productividad y salud.
Más allá del dato básico: entender lo que no se ve
El verdadero valor de los datos no está en su captura, sino en su integración. Cuando las organizaciones cruzan variables aparentemente no relacionadas, emergen patrones que antes pasaban desapercibidos.
El ejemplo más simple es medir las señales que preceden al accidente, no solo el evento. Indicadores como el aumento de casi-accidentes, o el tiempo de respuesta frente a un riesgo funcionan como indicadores adelantados, porque reflejan el compromiso de la gerencia con la seguridad.
Otra medida es el clima de seguridad, es decir, cómo perciben los trabajadores el compromiso de sus líderes con la prevención. Los países nórdicos han liderado este proceso y en otras latitudes ya se utilizan estos indicadores como un predictor clave: cuando el equipo percibe que la seguridad no es prioridad, los incidentes tienden a persistir.4
También es importante entender cómo se combinan los factores. La psicología del trabajo lleva décadas mostrando que no solo la carga laboral genera problemas, sino también su interacción con un escaso control sobre el trabajo y un bajo apoyo del liderazgo. De hecho, se ha demostrado que la combinación de estos factores se asocia con mayor enfermedad y ausentismo.
En algunos casos se utilizan variables proxy, o aquellas variables sustitutas que sirven para estimar o inferir otra variable más compleja. Un ejemplo es el número de horas de trabajo. Estudios de la OMS y la OIT han mostrado que las jornadas extensas aumentan significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
El uso de analítica avanzada y la integración de herramientas tecnológicas están ampliando estas capacidades. Hoy existen modelos que analizan reportes de incidentes y casi-accidentes para identificar cuáles podrían derivar en lesiones futuras. También existen herramientas que estiman la fatiga de los trabajadores a partir de datos fisiológicos obtenidos mediante dispositivos como relojes inteligentes. En Latinoamérica, sectores como la minería, la construcción, la manufactura y la salud ya están adoptando este enfoque.
¿Y la privacidad? Mirar al grupo, no a la persona
Buena parte de estos datos contiene información sensible, y ahí surge la pregunta: ¿cómo analizar datos sin vulnerar la privacidad del trabajador? La salida que ya usan otros países es mirar al equipo, no al individuo.
Los buenos diagnósticos de riesgo psicosocial no se centran en una persona, sino en la percepción compartida de un área. En Italia, un estudio que midió el estrés laboral sobre 66.000 trabajadores,5 confirma que esa lectura por grupo es tan válida como la individual.
Cuando el equipo es demasiado pequeño incluso para eso, hay alternativas que evitan del todo el dato personal, como que un comité capacitado evalúe las condiciones del puesto en lugar de encuestar a cada uno, o apoyarse en datos no sensibles, como los turnos, las horas extra o la carga de trabajo de cada área.
Datos que se convierten en decisiones
Todo lo anterior, al final, sirve para decidir dónde concentrar el esfuerzo y el presupuesto. "Si no mejoras las condiciones de tus trabajadores, si se siguen enfermando o accidentando, el impacto es directo en la sostenibilidad de la empresa. Una organización con altos niveles de ausentismo o accidentabilidad no puede ser productiva," agrega Estupiñán.
Cuando los riesgos laborales se traducen en indicadores de productividad, continuidad operativa y sostenibilidad, cambia la conversación con la alta dirección y la prevención deja de ser un tema de cumplimiento de un único equipo y pasa a leerse como una inversión con un retorno medible.
Analítica y colaboración
"El primer paso es entender a la empresa: sus necesidades, su sector y cómo opera. Antes de proponer cualquier solución, es clave conocer cómo trabajan, cómo se organizan y cómo gestionan la seguridad y salud en el trabajo, incluyendo su relación con la ARL," agrega Estupiñán. "Desde Gallagher, ofrecemos una visión integral de la prevención, adaptada a la realidad de cada organización."
Este enfoque refleja cómo la analítica y el acompañamiento especializado se potencian mutuamente: los datos permiten identificar oportunidades, y la asesoría estratégica las convierte en acciones concretas.
Para conocer cómo Gallagher puede apoyarte, comunícate con Valentina López.